Este estudio se ha sustentado en modelos ampliamente reconocidos en la literatura, como: la
Theory of Planned Behavior propuesta por Icek Ajzen (5) y el Entrepreneurial Event Model
desarrollado por Albert Shapero y Lawrence Sokol (6) , los cuales explican la formación de la
intención empresarial a partir de factores cognitivos, actitudinales y contextuales que influyen
en la percepción de deseabilidad y viabilidad de emprender, donde explica la formación de la
intención a partir de constructos cognitivos, y, permite comprender cómo se configuran
mediante procesos de observación e imitación en contextos sociales como la familia, en los
que los fundadores actúan como modelos de rol que transmiten valores, conocimientos
tácitos y actitudes. En particular, en contextos universitarios se evidencian que la educación
emprendedora fortalece las actitudes hacia la actividad empresarial y aumentar la disposición
de los estudiantes a considerar la creación de empresas como una alternativa profesional
viable, aunque este efecto suele manifestarse de manera indirecta a través de cambios en las
percepciones, habilidades y valoraciones asociadas al emprendimiento (7) (3) (8).
Entre los factores que influyen en la formación de la intención emprendedora, el entorno
familiar ha sido identificado como uno de los más relevantes. De ahí, los estudiantes
provenientes de familias empresarias tienden a presentar niveles más elevados de intención
emprendedora debido a los procesos de socialización temprana que ocurren en el ámbito
familiar. La exposición directa a actividades empresariales facilita la transmisión de
conocimientos, experiencias y valores asociados a la gestión de negocios, reduciendo la
incertidumbre frente al emprendimiento y fortaleciendo la autoeficacia emprendedora (9) (3)
(4) (10). En esta línea, investigaciones previas desarrolladas en el contexto ecuatoriano,
particularmente en la provincia de Tungurahua, han evidenciado que el entorno familiar actúa
como un ecosistema formativo que configura la vocación emprendedora desde etapas
tempranas, identificando diferencias estructurales en la motivación para emprender:
mientras que los individuos provenientes de familias empresarias tienden a orientarse hacia
la preservación del estilo de vida y el estatus socioeconómico.
El currículo emprendedor se refiere a la integración sistemática de contenidos, metodologías
y experiencias formativas orientadas al desarrollo de competencias relacionadas con la
identificación de oportunidades, la innovación, la gestión del riesgo y la creación de nuevas
empresas. A través de asignaturas específicas, metodologías de aprendizaje basadas en
proyectos, actividades de simulación empresarial y vínculos con el entorno productivo, los
planes de estudio pueden contribuir a desarrollar capacidades emprendedoras y a fortalecer
la percepción de viabilidad del emprendimiento como opción profesional (11) (8).
Desde esta perspectiva, el currículo académico universitario puede actuar como una variable
moderadora que altera la relación entre el antecedente familiar y la intención emprendedora,
manifestándose tanto en un efecto potenciador, cuando la formación académica fortalece la
vocación heredada. En esta línea, la literatura ha evidenciado que la educación emprendedora
incide positivamente en la intención emprendedora mediante el desarrollo de competencias,
autoeficacia y orientación hacia oportunidades (12) (13), contribuyendo a fortalecer la
confianza de los estudiantes en la capacidad para emprender y a reducir la percepción de
riesgo asociada a la creación de nuevas empresas. Así, el entorno familiar y la educación
emprendedora de manera predominantemente independiente, generando una comprensión
fragmentada de los procesos que configuran la intención emprendedora en contextos
universitarios (14) (15) (16), con una limitada comprensión del mecanismo mediante el cual